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La otra cara de la moneda

agosto 4, 2017

Cuando era joven, seguramente tenía más vitalidad, pero no por eso tenía pasión por vivir…
Cuando era pendejo, ni siquiera tenía un propósito para vivir. Y ahora, a mis 86 años, me gustaría llegar hasta los 111 para poder realizar todas las cosas que aún me falta por experimentar.
Y eso que fui poeta, filósofo, escritor, arquitecto, dibujante, terapeuta, psicólogo, jardinero, consejero, sexólogo, amo de casa, bar tender, portero, vagabundo, nómade errante… Sí, viví muchas vidas en la misma vida.
Y aún así, me gustaría seguir viviendo muchas más cosas que aún no experimenté, pero que me pueden llegar a resultar divertidas! Es verdad que nunca fui experto en nada, pero fui bueno en un montón de cosas… Y todas ellas, me trajeron hasta acá. Como si cada pieza de mi vida fuese parte de un gran rompecabezas, que recién ahora comienzo a dilucidar la forma del paisaje que compone.
Dicen que la mejor edad es la juventud… Pero para mí, no! Para mí, la mejor edad es la vejez, saben por qué? Porque tenés la experiencia, que combinada con conocimiento, te traen sabiduría. Y al mismo tiempo me vuelvo a sentir niño… Porque me animo a explorar como si fuera siempre la primera vez. Vuelvo a ser niño, pero esta vez, con la consciencia de haber aprendido a ordenar los juguetes, para que el próximo niño pueda también disfrutarlos, sin que se pierdan o se estropeen.
Y también me siento sabio, pero con la humildad del que se asombra momento a momento por la inmensidad de lo inefable, que encuentra en la luz de lo trascendente el alimento de vida, que se aventura por el túnel de lo incomprensible, caminando paso a paso hacia un lugar al que sabe jamás habrá de llegar, pero que se anima a recorrerlo gracias a la caricia que le otorga la intuición de ese misterio inenarrable, el olor a plenitud de lo paradójico, la excitación que proporciona tener cada vez más preguntas cuyas respuestas incitan más preguntas inacabables…
Porque, verán, tener sabiduría no implica tener las cosas en claro… Más bien se trata de un reposar tranquilo en los vaivenes de las enormes posibilidades de hurgar en los rincones más recónditos de la magia llamada universo.
Pero no se confundan, eh? la sabiduría no se gana apenas con los años, noooo. Amigos, la sabiduría no es algo que se conquista, más bien que se cultiva. Y por más que sus frutos estén al alcance de tu mano, seguirán perteneciendo al árbol mismo de la sabiduría, creciendo en el jardín del agradecimiento…
Ah, si tan sólo en nuestra sociedad se nos diera más bola a los viejos… Sin duda viviríamos en un lugar mejor! Y ojo que no estoy hablando de los viejos que ocupan un cargo en la política o en las instituciones religiosas. Más bien estoy hablando de los viejos “comunes y corrientes” como yo. Personas que nunca fueron homenajeadas públicamente, pero que supieron entregarse a sus amigos, amantes, conocidos y familiares. Aquellos que nunca recibieron ningún reconocimiento, pero sí muchísimas miradas de afecto por haber dicho la palabra justa en el momento justo para transformar la vida de algunos que les estarán eternamente agradecidos…
Por eso yo honro la vida! Porque descubrí que es cierto eso que dicen tan trilladamente que: “sólo se recibe al dar”. Es verdad, yo lo comprobé a lo largo de mi vida, y por eso me convertí en servidor. Pero no en plan “sacrificio”. Nooo… No sacrifico nada, me entrego… Con la entrega del que sabe que al lanzarse al vacío, será recibido por un batallón de ángeles, cantando todos a coro, celebrando que te decidiste a saltar!
Celebrando que finalmente te diste cuenta, que durante toda tu existencia te estaban preparando para ese evento! Y que cuando te animaste a saltar, rompiendo todos los miedos que te retenían, te diste cuenta lo maravilloso que se siente soltar las amarras y dedicarte a disfrutar el vuelo, con la levedad del que soltó la mochila que lo tenía anclado a la tierra del abandono de sí mismo.
Por eso amigos estoy aquí ante ustedes, para poder contarles la otra cara de la moneda. Porque por más que esté más cerca de la muerte, me siento cada día más lleno de vida. Que la muerte no es nada más que el reciclado que la vida usa para darle una nueva forma a la consciencia que recibirá un cuerpo para desenvolver aquel plan que ya tenía forjado desde los tiempos sin principio.
Y por ello es que me entrego al plan, con el deseo de convertirme en la mariposa, que alegró el día de aquella niña, con el simple aleteo de sus alas en flor…

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From → Teatro

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