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¿Podrías?

julio 28, 2016

¿PODRÍAS?

Maite entra a la habitación. Se sienta en una silla. Enciende un cigarrillo y comienza a fumar. Luego le habla a todos los hombres que pasaron por su vida…

– A mí lo que realmente me molesta es que los hombres te traten como a un pedazo de carne…
– Sí, tengo tetas, ¿y? También tengo ojos para que los mirés…
– ¿Por qué tenés que buscar la complicidad del amigo para demostrar lo macho que sos?
– Si desperdiciás tu tiempo contándole a tus amigos tus aventuras sexuales fictícias, es que no estás empleándolo en encontrar la manera de complacernos a nosotras…
– Si te gusto, ¿por qué no me conquistás? ¿Podrías?
– ¿O es que la virilidad sólo la tenés de palabra?
– Vení de frente, si de verdad sos tan hombre como decís que sos: pero no a vulnerarme, ni a faltarme al respeto. Eso no es cosa de hombres sino de cobardes, que utilizan la fuerza para imponerse.
– Porque también es violenta esa mirada que te devora sin tomar en cuenta nuestras preferencias…
– Aunque no podás verlo, esos “piropos” que lanzás, no son sino dagas que hieren mi dignidad propia y hasta la tuya.
– Y menospreciarme tildándome de histérica también es violento…
– Porque si venís a imponerte, no me queda otra que defenderme.
– Y sí, sé defenderme ante el abuso masculino, pero no disfruto haciéndolo. Al contrario, me carcome el alma tener que hacerlo…
– De modo que defenderme no me convierte en una histérica, apenas estoy poniendo límites a tu ataque…
– Reconozco que mis palabras también son violentas, pero es la única forma que encontré para hacerte entender que hay barreras que no podés vulnerar a tu antojo.
– Que también somos seres sensibles, que sentimos y que padecemos continuas manifestaciones de violencia que no está siendo percibida como violencia.
– Y que ahora que finalmente aprendimos a defendernos, resulta que somos histéricas…
– Pues no. ¡En absoluto! Porque, ¿sabés una cosa? A mí me gusta coger…
– Pero con un hombre que sepa cómo dar placer, y no que apenas se conforme con pretender ante los amigos…
– De modo que vengo a plantearte una solución al conflicto, y parar ese círculo vicioso e interminable de violencia…
– Porque yo también estoy interesada en encontrar un compañero que sea verdaderamente cómplice y no victimario.
– Un hombre que esté a mi lado y no pretenda estar por encima.
– Un socio para entregar nuestras almas a la par que nuestros cuerpos.
– Si tan sólo fueras capaz de desprenderte de esa máscara social y mostrarte tal cual sos, con toda la sensibilidad de un Ser que ha aprendido a respetarse y respetar al otro, finalmente podremos encontrarnos mutuamente para acompañarnos sin atacarnos…
– Yo estoy dispuesta, y vos, ¿podrías?

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From → Teatro

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